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Mitos y evidencia

¿El azúcar es realmente adictivo? Lo que dice la ciencia

Descubre qué dice la ciencia sobre el azúcar, los antojos y la relación entre alimentación y recompensa.

Por Ayshane Mederos5 min de lectura
Portada del artículo «¿El azúcar es realmente adictivo?»: galletas con pepitas de chocolate apiladas sobre una tabla de piedra, junto a una taza de cerámica.

«El azúcar es una droga», «el azúcar engancha igual que la cocaína» o «tienes adicción al azúcar». Seguro que has escuchado alguna de estas frases en redes sociales.

Pero ¿qué dice realmente la ciencia? ¿Podemos afirmar que el azúcar es adictivo de la misma manera que otras sustancias?

La respuesta requiere matices. Existen investigaciones que estudian la relación entre el azúcar, el sistema de recompensa cerebral y determinadas conductas alimentarias, pero no es correcto afirmar sin más que el azúcar provoca en las personas una adicción equivalente a la de las drogas.

Vamos a verlo.

1. ¿Por qué el azúcar nos resulta tan atractivo?

El sabor dulce suele resultar agradable y puede influir en nuestra elección de alimentos. Cuando comemos, el cerebro procesa señales relacionadas con el sabor, la satisfacción y la recompensa.

Esto forma parte de los mecanismos normales que intervienen en la alimentación. Que un alimento nos guste mucho, nos apetezca con frecuencia o nos produzca placer no significa automáticamente que seamos adictos a él.

Además, la conducta alimentaria no depende únicamente del azúcar. También intervienen el hambre, la saciedad, el aprendizaje, las emociones, el entorno, el sueño, la disponibilidad de alimentos y nuestras experiencias personales.

Por tanto, reducir toda nuestra relación con la comida a una sustancia concreta simplifica demasiado un fenómeno complejo.

2. ¿Qué han encontrado los estudios científicos?

Parte de la investigación sobre el azúcar y la adicción procede de estudios realizados en animales. En determinadas condiciones experimentales, algunos animales muestran patrones de consumo y respuestas relacionados con los mecanismos de recompensa.

Sin embargo, los resultados dependen del diseño del experimento y de las condiciones de acceso al alimento. No podemos trasladar automáticamente esos hallazgos a la alimentación humana cotidiana.

En las personas, la evidencia es más compleja. Algunos estudios han encontrado similitudes entre determinados patrones de alimentación y características presentes en las adicciones, pero eso no demuestra que el azúcar por sí solo produzca una adicción clínica equivalente a la causada por sustancias adictivas.

Una revisión publicada en 2016 analizó la evidencia disponible sobre el azúcar y la conducta alimentaria y destacó precisamente la dificultad de extrapolar determinados resultados experimentales a los seres humanos.

La conclusión importante es esta: que un alimento active mecanismos de recompensa no significa que sea adictivo en el mismo sentido clínico que una droga.

3. Entonces, ¿por qué a veces sentimos que no podemos parar de comer algo dulce?

Hay distintas razones posibles y no todas tienen que ver con una supuesta adicción al azúcar.

  • Restricción excesiva. Cuando clasificamos determinados alimentos como prohibidos, podemos dedicarles más atención y experimentar más deseo por ellos. La prohibición rígida no es necesariamente una buena estrategia para mejorar nuestra relación con la comida.
  • Hambre o ingesta insuficiente. Si pasamos muchas horas sin comer o no ingerimos suficiente energía, es normal que aumente nuestro deseo de alimentos que proporcionan energía de forma rápida y resultan apetecibles.
  • Estrés y emociones. En algunas personas, comer puede convertirse en una forma de aliviar temporalmente el malestar, la ansiedad, el aburrimiento o el cansancio.
  • Hábitos y contexto. Asociar determinados alimentos con ver una serie, estudiar o llegar a casa puede hacer que aparezcan ganas de comerlos incluso cuando el hambre física no es intensa.
  • Características del alimento. La combinación de sabor, textura, aroma y facilidad para comer puede hacer que algunos productos resulten especialmente apetecibles.

Estas posibilidades no se excluyen entre sí. Si sientes que pierdes el control al comer, merece la pena observar qué está ocurriendo sin juzgarte.

4. ¿Significa esto que podemos comer azúcar sin preocuparnos?

No exactamente. Que no debamos llamar «adicción» a cualquier deseo de comer algo dulce no significa que la cantidad de azúcar consumida sea irrelevante.

La Organización Mundial de la Salud recomienda reducir los azúcares libres a menos del 10 % de la ingesta energética total y señala que una reducción por debajo del 5 % podría aportar beneficios adicionales.

Los azúcares libres incluyen los añadidos a alimentos y bebidas, así como los presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los zumos de frutas y los concentrados de zumo.

Esta recomendación no significa que tengas que sentir culpa por comer un postre. Se refiere al patrón de alimentación global y a la frecuencia y cantidad de azúcares libres que consumimos habitualmente.

La clave es cuidar el conjunto de la alimentación sin convertir un alimento concreto en el enemigo.

5. ¿Deberíamos eliminar el azúcar para dejar de tener antojos?

No existe una regla universal que indique que todo el mundo deba eliminar el azúcar para controlar sus antojos.

En algunas personas, establecer una estructura regular de comidas, asegurar una ingesta suficiente, dormir mejor y aprender a gestionar el estrés puede ayudar a mejorar su relación con la comida.

También puede ser útil dejar de dividir los alimentos entre «buenos» y «malos» y aprender a incorporarlos de una manera flexible y consciente.

Si experimentas episodios frecuentes de pérdida de control, angustia intensa o conductas compensatorias relacionadas con la comida, es recomendable buscar apoyo de profesionales sanitarios con experiencia en conducta alimentaria. No necesitas esperar a tener un diagnóstico para pedir ayuda.

En resumen: menos miedo, más evidencia

El azúcar puede resultar muy apetecible y el comportamiento alimentario es complejo. Sin embargo, la evidencia científica no permite afirmar que el azúcar, por sí solo, provoque en las personas una adicción equivalente a la de las drogas.

Es importante distinguir entre el placer, los antojos, los hábitos, la alimentación emocional y una posible conducta alimentaria problemática.

En lugar de tener miedo a un alimento, podemos aprender a comprender nuestros hábitos, cuidar nuestra alimentación global y pedir ayuda cuando la relación con la comida nos genere sufrimiento.

La nutrición no necesita alarmismo para ser importante. Necesita evidencia, contexto y una mirada comprensiva.

Referencias científicas

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